Un joven ratoncito salió por primera vez de su casa y estuvo a
punto de no volver, por inocente.
Le contó a su
madre, que se había alejado bastante, cuando vio de lejos dos animales que
llamaron la atención.
Uno era
terrible, con una cosa roja en la cabeza que se movía al andar, dos especies de
brazos a lo largo del cuerpo que movía como si fuera a volar y un pico afilado,
que sin duda constituía una amenaza que debía evitar.
El ratón al verlo, se escondió detrás de unas piedras mientras
observaba de refilón, a un precioso animal que tomaba lánguidamente el sol.
Este sí
parecía amable y simpático. Tenía la piel aterciopelada como los ratones,
suaves orejas, bigotes, larga cola y elegante presencia. Tanto le gustó al
ratoncillo que iba a saludarle, cuando un grito penetrante de otro animal le
asustó de tal forma, que emprendió una veloz carrera y se refugió en su casa.
“¡Qué pena mamá! Si no hubiese sido por el odioso bicho con
plumas, seguro que me hubiera hecho amigo del de ojos brillantes y suaves
bigotes, que tanto se parece a nosotros.
“¡Pequeño
ignorante! ¡Tonto y bobo! –Contestó la madre- ¡No debes fiarte de las
apariencias!”
“El gallo,
que te pareció tan terrible, es un pacífico animal que no nos hace ningún daño;
por el contrario el de la cara amable y los bigotes respetables, es el gato,
nuestro mayor enemigo, que no hubiera dudado un momento en devorarte.”
(LA FONTAINE)
jajaja no tienen niun comentario
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